Me dolieron las otras
Mi amiga J está triste, su bebé tiene mes y medio y ella se siente triste, muy triste.
Yo sé que el post parto es difícil, que viene la sombra, que vienen recuerdos que duelen y la niña interior con sus carencias, miedos y dolores toma las riendas.
Sé que en post parto sanamos, pero de que duele, duele mucho.
Mi amiga J, no tiene la tristeza usual del post parto, no ha podido sentirla, FUE VÍCTIMA DE VIOLENCIA OBSTÉTRICA. Está triste porque fue violentada y le robaron el nacimiento de su hijo. Se preparó, cantó, danzó, leyó, hizo el amor, hablo de los sentimientos guardados, descansó, se cuidó todo el embarazo y se preparó profundamente…. soñaba un parto vaginal después de una cesárea innecesaria.
Mi amiga J hubiera parido… llegó con un cuadro perfecto para un parto fluido y 1, 5 de dilatación y 90% de borramiento de cuello uterino. Lo que podía anticipar que en algunas horas el cuello del útero estuviera completamente borrado.
En mi país, la seguridad social está privatizada, todos los hospitales y clínicas están en quiebra y las empresas prestadoras de salud también, los políticos e inversionistas de las EPS (empresas prestadoras de salud) han estado desfalcando a los colombianos, y escándalo, tras escándalo, la cosa sigue igual, cada vez nos enfermamos y nos morimos en las peores condiciones de atención.
Todos aspiramos a poder pagar lo que llamamos medicina prepagada, no solamente de nuestro salario nos descuentan para que tengamos atención medica básica, sino que aspiramos a pagar mínimo 130 dólares mensuales por persona, para tener la atención adecuada, lo que sería un seguro de gastos médicos mayores.
Mi amiga J, hace años paga medicina prepagada, se preparó para parir en medio de los procedimientos médicos caducos que se siguen ejecutando sin reflexión, sin revisión de la evidencia científica, en nuestra ciudad (Bucaramanga), llegó a la clínica con 3 contracciones cada 10 minutos, 90% de borramiento de cuello uterino y casi 2cm de dilatación.
A J, no le sirvió de nada pagar un seguro médico, igual que cualquier mujer que accede a estos servicios en Bucaramanga fue víctima de la ignorancia, la violencia de los trabajadores de la salud y de la quiebra del sistema de salud en este país.
“ya esta en 8.5, puje, cree que tengo tiempo para esperarla? cree que me va a dañar el almuerzo, perezosa, le doy 10 minutos más», «ahora sí se queja, pero como gozaba cuando se lo metían”
Le dijeron que se quedara, que todo estaba muy bien.
Le pusieron una vía intravenosa y empezaron el goteo de oxitocina sintética, la llevaron a la sala de labor donde estaban 6 o 7 mujeres en trabajo de parto, o esperando que una sala de cirugía se liberara para una cesárea innecesaria, el baño estaba manchado de sangre, había vómito en el suelo…. nadie limpiaba, algunas en camillas, algunas sentadas en sillas plásticas, solas, con goteo de oxitocina, quietas, si querían caminar debían cargar un perchero de metal para el suero.
Mi amiga J, estuvo allí, cantando «sabemos parir» de Rosa Zaragoza, parada junto a la ventana, imaginando escapar, el ginecosaurio de turno la trató bien, pero a las mujeres que estaban con ellas, les dijo cosas como estas: «ya esta en 8.5, puje, cree que tengo tiempo para esperarla? cree que me va a dañar el almuerzo, perezosa, le doy 10 minutos más», «ahora sí se queja, pero como gozaba cuando se lo metían”.
Vio cada tacto a cada mujer, escuchó cada palabra hiriente. «Me dolieron las otras», eso dijo.
Cuando el Ginecosaurio supo que J deseaba un parto vaginal después de una cesárea, tuvo la amabilidad de contarle 2 muertes de bebés y madres en PVDC. Mientras ella estaba en trabajo de parto.
Quienes amamos y respetamos la sabiduría del nacimiento sabemos que para que el trabajo de parto evolucione se necesita silencio, pocas luces, amor y cuidados, movimiento libre.
Allí en esa sala del terror
No había nadie para ayudar a ir al baño, para limpiar la sangre y el vómito, para ayudar a respirar, para cantar, para ofrecer un masaje, un abrazo, un vaso con agua, nadie, sólo mujeres pariendo solas.
Sus parejas sin ninguna información, solos en una sala de espera, sin tocar a su hijos al nacer y sin saber a qué horas nacieron, sin poder ver el milagro del nacimiento, sin poder abrazar a sus parejas.
Siete horas estuvo J, en compañía de muchas otras mujeres con continuas intervenciones innecesarias, siete horas viendo como trataban a las mujeres con menos recursos, oyendo gritos, palabras irrespetuosas, presenciando actos violentos.
Fisiológicamente ante el maltrato, la violencia, el exceso de palabras, de luces, de preguntas, ante el miedo en todos los mamíferos, incluyendo a las mujeres, el trabajo de parto se detiene y reinicia cuando la oxitocina, que es la hormona del parto y el nacimiento puede brotar. Sabemos que la oxitocina es contraria al miedo, la oxitocina sana el temor, pero NO viaja por el torrente sanguíneo en ambientes y entornos de violencia.
Este equipo médico, este obstetra de turno, parece no entender qué es el trabajo de parto, parece que se formó como violentador del nacimiento en vez de como facilitador, lo más simple que es cuidar que el suceso químico, espiritual del nacimiento suceda naturalmente, tal como lo recomienda la OMS, como lo dice la evidencia científica… es exactamente lo que no sabe hacer. Protagonista principal de la violencia del nacimiento en soledad, agresión, injusticia.
A mi me duelen todos los bebés que nacieron en sus manos, esas mujeres y sus episiotomías. La violencia hacia la mujer y los niños tan interiorizada en esta ciudad empieza al nacer…. cuando quien te debe cuidar y ayudar, a quien le pagan por eso, te maltrata.
Siete horas después llego el médico de mi amiga J, el médico que la había atendido todo la gestación, no había avanzado sino un grado de dilatación, como es normal, todo ese ritmo precioso, esos 90% de borramiento, la frecuencia preciosa de abrazos uterinos, todo detenido por la violencia médica a ella y a las otras mujeres.
Le propuso cesárea, después de decirle que podría seguir 2 días más en esa habitación, sin ninguna medida de apoyo al trabajo de parto, el doctor de mi amiga J tampoco sabe nada de lo que necesita una mujer a punto de dar a luz.
J tuvo otra cesárea, su esposo entró y estuvo con ella, el bebé fue puesto en sus brazos al nacer, luego en brazos de papá, fue una cesárea mínimamente respetada. Sigue triste, sabía que podía, pero no sabía que en esa clínica no se puede parir, nunca consideró tal nivel de hacinamiento y agresión. Yo tampoco, yo acompañé su gestación.
Tenemos que cambiar la manera en que se nace en nuestra ciudad, es urgente, es necesario, tenemos que hacer redes, marchas, yo soy mi amiga J, yo soy las mujeres que estaban con ella, tenemos que hacer que la atención obstétrica esté actualizada con la investigación científica, con las recomendaciones de la OMS.
Aquí estoy y mientras esté aquí, voy a seguir tratando de acompañar mujeres y a sus parejas, para que puedan llegar en último momento a parir y sea lo menos violento posible, voy a juntarme a contar historias de parto, participaré en grupos de lactancia, escucharé el dolor de los padres a quienes les robaron su derecho a ver nacer a sus hijos, pintaré, cantaré y danzaré, para iniciar esta transformación.
Te invito, ven y los hacemos juntos.
Todas somos J.
Todas somos las OTRAS.
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